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lunes, 26 de agosto de 2019

Realidad


Si decidiéramos levantar nuestras miradas, ¿cambiaría la perspectiva?

Si levantáramos la tierra de esas fosas de falacia, ¿se caerían nuestros velos de los ojos que no quieren ver?

Si hubiéramos escrito la historia de otra forma, ¿cuál sería nuestro final?

Si todo eso que oímos lo viéramos desde nuestra ventana, entre los escombros, en la calle, sintiendo la tierra en los pies, la sed, el hambre o el fuego; si fueran nuestros ojos y nuestra piel la que sintiera, entonces la realidad sería de todos y no para unos pocos.

Venimos efímeros como el tiempo, pasajeros, y arrasamos como el viento. Destruyendo con las manos y matando con pensamientos. Si escuchas lamentos es el destino, por todo lo que hemos hecho, lo que hemos consentido, lo que hemos ignorado. Ser humano que espera que otro recoja el cadáver de sus actos.

Malherida nuestra especie por la inmoralidad, con un mundo agonizando antes de la muerte. Nos hemos convertido en sicarios, manejados por los hilos del capitalismo, pegando disparos al medio que nos salva.  Como tocarle las palmas a la muerte; le vendemos el alma al que nos corta las alas y nos vacía la mente.

Si de verdad somos personas, ¿por qué nos hemos convertido en asesinos?

lunes, 20 de mayo de 2019

Sigue latiendo rabia


Volví a abrir el lienzo para dibujar mis traumas; en un alma pútrida no cabía la esperanza de dibujar más allá de la oscuridad. Grité a la nada a la desesperada, con la desesperanza del ahogo del silencio del que responde. Escupí un desierto de soledades; esculpí mi propio porvenir.

Volví a abrir un abismo para desdibujar mis grietas; en un pecho hundido solo pudo hacerse el hueco más profundo. Pude ver al destino cara a cara; vi el reflejo de la nada, pero me acostumbré a ella.

Y en ese espacio muerto, entre el invierno y un hueco vacío, he vuelto a abrir mis heridas. Me he partido en canal con la vulnerabilidad del que sabe que tiende su mano y le van a arrancar un brazo. Ha habido un instante que he creído en el amor; pero vino y se esfumó, con la inverosimilitud de todo lo que no existe.

Y en ese espacio muerto, entre el olvido y el tiempo, se han resignado mis ojeras. Ha vuelto la oscuridad a soplar mi nuca, acariciando tenue todos mis desánimos.

Y ahora sigue latiendo rabia después del tiempo; porque cae la noche y la soledad agarra mi cuello y aprieta asfixiando mi esperanza. Cayendo a bajo cero, hielo puro en puro intento de encontrar calor y abrasarme con las llamas de unas ascuas acabadas.

Y ahora sigue pasando el tiempo. Con los traumas, con las grietas y con la soledad de la mano calcinando un cuerpo helado.

miércoles, 23 de enero de 2019

Fuego.


A la tercera la vencida; cuando ya van más de cien no hay perdedores ni vencidos, solo suelo entre los dientes, valores malheridos.
Juego sucio y martes trece, mala suerte.
Y entonces el vaivén de las piernas colgando hacia el infierno, una mirada pérdida en el vértigo; sonrisa pícara y saludo a los lamentos.
Entiendes, que toca tirar los traumas al tablero, todo está tratado ya; tentar a la suerte y perder una vez más.
Y entonces se refleja una mirada cansada, y se tocan unas manos desoladas, y el alma tachada grita que quiere escapar. La calcinaron como leña con el fuego de inservibles que se creyeron la llama y eran toda esa toxicidad tan previsible. 
Reflejan ojeras densas y la rabia en carne viva; medianoche en la otra acera, cliente para una vida.

domingo, 28 de octubre de 2018

Loba y ángel caído.


Las voces confusas, la tos de un fumador empedernido nunca.
Línea de muro a ladrillos que separa la desgracia de la furia;
Llega el carraspeo leve de garganta, pero intensamente haciendo mella que atraganta.
Y una mueca, que se torna angustia y ansias, en un cuarto solitario en el terror.
A oscuras la penumbra, y en la calle noche oscura, y tenue;
Con el ser sangrante en lágrimas de esta alma demacrada.
Sequía interior, absorbida a carcajadas por un adversario menor.
Ojos quemados en lágrimas, puños de fuego y de rabia;
Rufián que reta y desafía al ángel caído directo a su infierno.
Un desgraciado sintiéndose lobo y siendo rebaño,
Creyendo que ataca a la oveja, sin saber de sus ojos de diablo.
Vistiéndose de valentía y reflejando la cobardía
De un ser inerte y sin alma
Que ataca, mata y se desvía
Pero regresa sin armas,
A una ventana desesperada
Con ansias de venganza y paz
Con ansias de echar la bazofia.
Que se acerque el corderito, que a escasos centímetros está el lobo del recinto.

martes, 9 de octubre de 2018

Arte alegórico.


Esculpo con tinta mis demonios, implícitos en la escultura masacrada de realidad intensa y fría. Contoneo de formas efímeras, sangrante y sin pausa el peligro de mi odio. Arte el desaliento, y condena del ser solitario que busca aire y encuentra combustible tóxico. Aspereza de una obra que nunca acaba, tragedia griega y sin pausa. En mi garganta canto griego quebradizo, anunciando la tragedia; no hay grito, solo el anuncio de aviso. Seguido el soliloquio sombrío de soledad, sinuoso y penetrante, asesino y perpetuante. Expectante al final trágico, como Baco a sus bacantes pretendo arrebatar la cabeza de ese hijo en mi conciencia como venganza abrasiva. Siempre se escucha el llanto del espectador herido, y el interludio interrumpe; y como en las Mil y una Noches la historia se repite.
La continuidad de una historia a puño y letra, a rodilla y reflexión. Narrativa de relato enmarcado, cual matrioska; Tantas piezas y tan poco encajado. Narrador omnisciente observando y relatando, capítulo de escena en el reflejo: ``Sentía en su nariz el frescor del cristal, sus ojos se perdían en su misma mirada. Estaba tan cerca del espejo que podía verse el alma y lloraba. “Lo siento”. Y de ahí al monólogo interior clavado, clavado en pecho y espalda, de un protagonista aislado con las siglas de escritor. Escribiendo siempre en solitario a lo Bukowski, encerrada a lo bohemio entre las cuatro paredes y decenas de ansiedades. Aislamiento de vicio, insomnio y necesidad. A escribir para sangrar y desangrarse. Búsqueda del verso libre y como resultado rima consonante de una vida asonante y esdrújula, siempre negativo. Con aliteración sonora de la S de soledad y la paradoja de un luchador sin lanza y solo en el ejército de una guerra a vida o muerte sin vencedor ni vencido. Refugio de la metáfora semejando en el arte una verdad sin belleza, como tinta impregnada en papel siendo historia, símil comparativo de la realidad que parece hipérbole pero no lo es. Alegoría.

viernes, 21 de septiembre de 2018

Enero de hielo y cemento.

Cerveza fresca, noches frescas, relaciones gélidas. El amo, el esclavo y acuerdos no pactados. Depredador conduciendo a la presa, sumisión acatada del desconocimiento causada por un aprendizaje incorrecto. 
Dos criaturas buscando refugio, dirección directa al escondite de un juego peligroso. Súplicas hipócritas bajo los abrigos. Un enero oscuro de una noche negra y escarcha. 
Ojos incrédulos que piden clemencia. No,no,no pero sí,sí,sí y de repente no hay luz solo cemento. Su boca saborea el polvo de una pared fría y su mirada se pierde, punto fijo y pánico. 
Calles desiertas, suelo encapotado y barro en los zapatos. Pasa el tiempo y los grados. Bajo cero en el ambiente, sin embargo, un cuerpo arde y un alma es hielo fundiéndose entre aguas turbias. 
Los labios laten de la humedad de un beso amargo, pero el corazón está parado, no hay frecuencia en un hecho que hace un boquete en una vida. 
De puntillas, clavando el cuerpo en el lodazal, tan metafórico que ni en siete vidas con la etiqueta que le han colgado logrará escapar. 
Se refleja en la escarcha una escena del ogro que agarra del cuello a una dama y le arranca las alas. La cabeza gacha, el cuerpo morado de la helada y la garganta ronca sin palabras, muda. No hay reproches en una noche de miedo, impotencia y muerte. No hay inocencia ni esperanza, se ha hundido en el fango frío. Quedan los nudos en el pelo, marcas en el cuello y silencio. Condena perpetua a un recuerdo que queda helado en una cabeza que huye e intenta escapar de unas cadenas que intuye cada anochecer muy cerca, ahí enfrente como susurrándole que vuelve.

"La endereza se mantiene hasta que se habla en primera persona. 

¿Por qué? ¿Qué me he hecho? ¿Qué me han hecho? ¿Cuánto valgo? ¿Por qué? No ha pasado...
No puedo acercarme a ti, llévame a mi casa...no puedo. Estás enferma.
Sentía aquí en el cuello una soga que me apretaba cada vez más y no me dejaba respirar. No era nadie y no soy nadie. Me he quedado sin vida."

miércoles, 12 de septiembre de 2018

El reclamo de los dioses.


Negué a Morfeo sus delirios; negación al sueño por abnegación catapultada. Paradoja perpetuada en vida de ilusionista de inocencia asesinada, conciencia sangrienta, rajas abiertas. La amenaza acecha como lechuza en la oscuridad; Ares buscando guerra me rajó los labios al pensar en Afrodita, callando mis pensamientos, plantando la semilla de un lamento. 

Arrastrando como Sísifo, empujando como mártir, los bagajes de las trizas que un día he sido. Cae el sol y todo vence, oportunidad fallida de alcanzar mi cima. El tic tac retorna, contador a cero, nuevo enfrentamiento a Crono; Saturno no perdona el tiempo. Y mientras las parcas tejen, el temor de cada límite, cada noche cae en sus cuerdas el color de mi destino. Y ruedan por la pendiente para volver a empezar un hombre ciego y sus esperanzas, más quemadas que mis llamas. He caído al descubierto, pronto vendrán las águilas a devorarme el hígado a lo Prometeo.

Hay noches que llora el cielo y llueve dentro. Desesperación y decadencia, los intentos sucesivos que llevan a la emboscada del que lucha y es peligro. Son como animal nocturno que ataca feroz a la rabia a desgarrarla, yo sin embargo la dejo, que trague lento y se ahogue con toda su escoria y su infierno. Fieras como licántropo que quieren matar al Fénix.

Llamando al reclamo de la debilidad en presencia de la oscuridad, Érebo viene con ansia de seducir a Ezis, haciendo dolor la noche; y yo cuando se va Hemera le pido a Némesis sus encantos; Justicia Divina y castigo que viene de la mano de Oniros, me observan desde la cumbre jactándose del desesperado que pide despedazado una mano que le salve.